Durante el reciente encuentro virtual Encourage Summit, en el que tuve el placer de participar gracias a la invitación que me extendió mi querida amiga y excelente profesional Sonia González Boysen, conté una historia personal con la finalidad de que sirviese de inspiración a los demás. Se trata de mis comienzos en el mundo de los seguros, hace casi 30 años, cuando siendo muy joven, humilde y de una zona popular de Caracas trabajaba como mensajero en una correduría de seguros. 

Por entonces yo acompañaba, llevando la documentación, a los ejecutivos de cuentas que acudían a visitar a sus clientes. Un día llegué temprano, pero el ejecutivo que tenía que venir no aparecía. Un asegurado empezó a preguntarme cosas, a buscar información con el único interlocutor que tenía delante: yo no estaba allí para hacer ese trabajo, pero había participado en tantas reuniones como aquella que conocía todas las respuestas. Me arriesgué a dar un paso y darle la información. Cuando el ejecutivo finalmente llegó, me dijo que continuara. Apenas una semana después me promocionaron a ejecutivo de cuentas para atender a ese cliente. ¿Fue suerte?, o ¿Quizás algo más?. 

El formato del Encourage Summit, necesariamente breve para los casos de éxito como el que tenía que exponer yo, no permitía explayarse demasiado. Pero si digo que hay algo más que suerte en esta anécdota es porque diez años después me pasó algo parecido: una llamada a deshoras en periodo de vacaciones en un teléfono en la otra punta de la oficina del corretaje de seguros en la que trabajaba entonces. No era mi área, pero no había nadie más para contestar. 

Así que me decidí a tomar el teléfono, era una señora que necesitaba asistencia y lo hice lo mejor que pude. Aquello terminó llegando a oídos del jefe que me llamó a su oficina, me pidió explicaciones y terminó dándome las gracias: era una cliente importante a la que yo atendí sólo motivado por dar el mejor servicio posible. Gracias a aquel jefe me han pasado después cosas interesantes en mi carrera profesional. 

Riesgo, actitud y perseverancia

Las anécdotas son sólo hechos, puede que casuales, a los que damos especial relevancia. Las convertimos en hitos, en lecciones de vida, porque sacamos alguna conclusión de ellas. Y, en este caso, creo que ambas anécdotas comparten unos valores profesionales en los que creo firmemente: 

  • Riesgo: el miedo es paralizante. No estás allí para eso, no son tus funciones, no tienes nada que ganar, alguien podría molestarse, podrían despedirte… A veces hay que arriesgarse a hacer lo que crees que es correcto.  

  • Actitud: la pasión por servir al cliente es imprescindible en la consultoría de seguros. Eso no lo sabía entonces, pero ya lo practicaba: no hay en estas dos historias una pretensión oculta, sólo la intención genuina de aportar lo que buenamente podía ofrecer a clientes que lo necesitaban. 

  • Perseverancia: hay que poner interés y ganas. Hay que aprender a cada instante, escuchar y absorber cuanto se pueda. Hay que estar dispuesto a ayudar. Y confiar en que el buen hacer cada día lleve a buen puerto a largo plazo. 

Puede que sólo sean dos anécdotas. Acciones pequeñas, tontas. Que parece que nadie las va a ver. Que deberían pasar desapercibidas en una trayectoria con unas bastantes decisiones profesionales con mayor trascendencia. Y sin embargo, si pienso en lo que me ha traído hasta aquí, son las que me vienen a la mente. Las que, honestamente, creo que cambiaron mi vida por completo.


Héctor Perdomo es Managing Director LAC de Smart & Smart, puesto desde el que coordina el desarrollo de la actividad comercial de compañía. Desde el año 1994 su actividad profesional siempre ha estado vinculada al sector de los seguros, mientras, en paralelo, se especializaba en diseño gráfico, desarrollo web y transformación digital. El fruto de esta doble experiencia se plasma en su trabajo diario en Smart & Smart y en los posts que publica en este blog.